La Marina de València

Actualidad08/01/2019

El "Imperator", pobre víctima de la guerra

Miramar. El blog de Francisco P. Puche, cronista de València. Artículo VI


La noticia corrió como la pólvora, por los muelles y tinglados, hasta la playa y los barrios del mar: los alemanes, y sus mortíferos torpedos, estaban sembrando el pánico en esta parte del Mediterráneo; en el área de las Columbretes, en concreto, un submarino estaba hundiendo todo lo que se le ponía al alcance. Y en el puerto de Valencia, amarrado al transversal de Levante, había una prueba palpable del horror y los estragos de la Gran Guerra en la mar.

En efecto, en la tarde del 12 de abril de 1916, el vapor "Lady Plymouth", de bandera noruega, llegó a la vista de Valencia mientras remolcaba lo que quedaba de un bonito bergantín-goleta ruso, el "Imperator". Rompió amarras a la vista de la Farola y tuvo que salir el remolcador "Eleuterio Delgado" a completar la maniobra de traer hasta lugar seguro al hermoso velero de tres palos, cargado hasta la borda de madera, que exhibía más agujeros que un colador. El agua sobrepasaba la línea de flotación y entraba ya por donde quería; de modo que los más expertos sentenciaron que si se había salvado el navío era, precisamente, gracias a su preciosa carga de tablones y vigas de mobila.

La gente se aglomeró donde hoy tenemos el Parque Infantil de La Marina. Los entendidos dijeron que no había sido un torpedo, porque del barco no hubiera quedado nada de ser así; pero escrutaron los impactos y las astillas, las perforaciones en la popa y el fuego que había dañado un mástil y las jarcias. Una inspección a bordo confirmó que todo estaba revuelto y que no había a la vista ni tripulantes ni papeles.

La prensa salió a la calle, el 13 de abril, con historias alarmantes y comentarios apesadumbrados. Los diarios más neutrales y moderados --"Las Provincias", "El Mercantil" y "La Correspondencia de Valencia"-- ponderaban tanto la gratuidad de la  tragedia como la causa de que la ciudad, como España entera, estuviera desbastecida de carbón y de trigo, con la economía generando parados, como triste secuela de la guerra en el mar.

El barco, objeto de la curiosidad popular en el transversal de Levante. (Fotos Gómez Durán, en "Mundo Gráfico")

"El Pueblo", sin embargo, fiel a la línea de Vicente Blasco Ibáñez, su fundador, era el más duro antigermánico de toda la prensa española. "Los crímenes perpetrados por el submarino alemán --escribió-- produjeron ayer en Valencia vivísima indignación. (...) El bárbaro terrorismo de las hordas del káiser, ejercido ahora en aguas españolas, produce la paralización del tráfico en nuestras costas e impide todo comercio, sobre todo el de la exportación de naranja, reducido a los puertos ingleses. No hay ley alguna que autorice tales desmanes, y su repetición es una bofetada de escarnio, envilecedora, que recibe el honor nacional. Ni un solo periódico valenciano defiende, por fortuna para el buen nombre de nuestra ciudad, estos actos de salvajismo; los elementos germanófilos guardan un discreto silencio; los otros, protestan airadamente y piden medidas urgentes y enérgicas".

Mientras tanto, la reunión de noticias dispersas, y las declaraciones del comandante del "Lady Plymouth", que se hospedó en el Hotel Colón, permitían reconstruir lo que estaba ocurriendo al norte de las Columbretes, donde un submarino alemán comenzó a sembrar terror cuando descubrió al vapor inglés "Konf King" y le aplicó sin miramientos el modelo establecido: disparo de aviso, registro del buque, orden de abandono de la tripulación, torpedeo, hundimiento y abandono de los náufragos a su suerte. Poco después fue el desafortunado "Imperator", ametrallado en cuanto los tripulantes pudieron abordar los botes. En los dos días siguientes, varios puertos comenzaron a recibir a los náufragos que el "U-boot" iba dejando en su camino de muerte. Los del "Imperator", según se supo, habían llegado llegados exhaustos a Barcelona gracias a un mercante holandés, el "Darendrecht", registrado y perdonado por el comandante del implacable submarino. Pero pronto llegaron noticias de Palma y de Cartagena; del "Angus" británico, volado sin piedad, y del "Orlock-Head", que navegaba hacia Valencia y nunca llegó. También pasó muchos apuros el trasatlántico francés "Vega", que hacía la ruta de Argelia.

Mientras tanto, los buzos confirmaron los graves daños del "Imperator" y el capitán general visitó los muelles, donde había tanta gente, y tan decidida a subir a bordo para llevarse "recuerdos", que el buque tuvo que ser desatracado, y separado unos metros del muelle del trasversal. Por una cimbreante plancha subieron a bordo los periodistas de todos los medios, ansiosos de detalles, y los fotógrafos, corresponsales de las revistas de Madrid. Durante un par de semanas, el "Imperator", con sus jarcias maltrechas, un mástil inclinado y la carga revuelta, fue una víctima famosa de la Gran Guerra.

Un cañonero inglés se defiende de un submarino alemán. (Ilustración de "Blanco y Negro")